PUM! al POZO

Un pozo, con un fondo lleno de fotografías. [ karim zaid ayame]

La anti-Moda es la única constante.

La anti-Moda es la única constante.

— hace 1 mes con 2 notas
#Pentax KM 

Accidentes ópticos en la (ex) ciudad de los mitayos.

Potosí - Bolivia. (2014)

— hace 2 meses con 2 notas
#Pentax KM  #agfa 

La Residencia de Don Amado.

Madrugada de sábado en Tarija, recién llegamos de Potosí. Caminaba junto a María por medio de las calles de la ciudad.  Todavía está oscuro, todavía queda algún trasnochado por ahí sentado en la vereda, apoyado en la pared, mientras balbucea cosas inentendibles. También se ven señoras que en silencio y mirando el suelo, barren las calles con ramas de palmeras.

No hace el frío de Potosí, está húmedo y  las calles están iluminadas por las luces amarillas, propias del tungsteno, que crean un clima cálido.

Buscamos, casi sonámbulos, un lugar donde dormir y descansar después de tanto viaje en esas flotas  tan incomodas, para personas de más de un metro ochenta de altura.

Escondido detrás de unos árboles enormes, y sin cartel luminoso, se puede leer “Residencial Central”. Un muro blanco de planta baja y primer piso con ventanas y puertas de marcos celestes. Casi me puedo imaginar cómo es por dentro, hasta siento el olor a humedad de los cuartos.

Para sorpresa de ambos, o mía al menos, nos atiende un señor mayor, que unos segundos antes de que atendiese dejo entrever su edad por sus pasos cortos y arrastrados, con sonido apagado propio de unas pantuflas. Sin hacer caso a nuestras preguntas reiteradas sobre los precios, que hacíamos desde la vereda iluminados por una luz anémica de un foco viejo, nos invito a pasar de un modo casi imperativo. Sigue sin escucharnos. María me mira, con ojos grandes y con ceño fruncido, en mi cabeza suena su voz que me dice “esto me da mala espina”, con su acento argento-español. Yo ya estaba adentro.

Una vez en ese angosto y celeste pasillo, de piso bordó, negro y canela que forman figuras geométricas que se repiten, y ya sin la  luz de la entrada que nos mostraba un señor a contra luz, afirmamos nuestras suposiciones. Él es un señor de más de setenta y cinco años, canoso y algo calvo, de ojos azules y hombros caídos. Tiene puesta una camisa de mangas largas que de manera muy ordenada, para haber estado durmiendo, la lleva dentro de su pantalón.

Por fin parece escucharnos, le pedimos que nos muerte las habitaciones que nos ofrece. Subimos las escaleras del final del pasillo. El celeste y el piso geométrico son ubicuos. 

Quiere ser buen anfitrión, es buen anfitrión, quiere aceptemos, lógico.

La primera pieza que nos muestra  está dominada por el olor a humedad, pero la segunda no. En está hay cuatro camas simples, todas amontonadas, apenas queda espacio entre ellas para caminar. Es acogedora, da la impresión de pieza olvidada que preparan los abuelos para recibir a sus nietos en vacaciones.

Me quedo con la cama de frazadas azules que está a l lado de la ventana, ya que sabía que me iba a despertar antes que María, que me había dicho “voy a dormir hasta las tres de la tarde”. Antes de acostarme salgo y le pregunto al señor su nombre, demoro un momento en escucharme y cuando lo hizo respondió con su mentón en alto, “me llamo Amado”.

Mientras me acostaba ansiaba los mates que iba a tomar apenas despertarme, al lado la cortina que movía el viento. Y así fue. 

Cuando desperté María dormía. Tenía que ser silencioso, me gusta hacer sigiloso. Busque las cosas del mates y unos libros, faltaba el agua caliente. Me vestí y salí a pedirle agua caliente a Don Amado. Abrimos las puertas casi sincronizados, Don Amado salía de la habitación número diez. Muy amablemente asintió cuando le pedí que me calentara agua. A pasos rápidos, arrastrados y firmes bajo las escaleras en dirección a la cocina, contigua al patio central. Luego de unos minutos subió, en las manos traía un termo amarillo enorme con el que recargó el mío. Le agradecí y ahora Yo era el de los pasos rápidos en dirección a la pieza. Prepare el mete y le agregue unas hojas de coca.

Leía un libro de Cortaza que había conseguido en Cochabamba y cuando termine con unos de sus relatos seguí con Julio Ferrer. De vez en cuando paraba para tomar mate y mirar el cuarto, y a María que dormía. Afuera se sentían voces, de a ratos se  escuchaba el zumbido de algún avión que pasaba. También escuchaba a Don Amado que caminaba por el pasillo, y pensaba en su nombre, “Don Amado”, cuanta carga para un nombre, pensé. Era un señor silencioso que parecía vivir solo. Cuando nos encontraba en los pasillos nos hablaba mucho, siempre sin escuchar.

 El pensamiento me había llevado. Me encontré a mí mismo sentado en la cama de frazadas azules al lado de la cortina y con la mirada miope en la pared. Quise acomodarme en la cama para seguir con la lectura, y fue ahí cuando el elástico de resortes hizo un ruido espantoso. Mire a María, el ruido la había despertado, y con los ojos entre abiertos me dijo “ya estas despierto, Joder… ”. No conteste, solo volví la vista al libro y seguí leyendo, sabía que era lo mejor para que ella reconciliase el sueño y Yo la lectura.

 Nuevamente estaba en silencio en la pieza de paredes celestes y piso geométrico bordo y canela.

Tarija (Bolivia) - 18 de marzo de 2014. 

— hace 2 meses con 2 notas
#Pentax KM  #agfa 

Un martes por la noche, mudomiope de cansado, volvía a encerrarme hasta mañana.

— hace 3 meses
#pentax km 

El viejo Miguel Adrán. (relato corto)

Miguel Adrán,  un extraño viajero, que escondido en su caravana, un oxidado  y gris Mercedes Benz  lleno de frazadas a cuadros donde  fantasea con viajes utópicos alimentados por “De la Tierra a la Luna”  de Julio Verne.

Con afán de nuevas ideas, sale a caminar por esa ciudad a la que llegó de madrugada y todavía no conoce. Camina lento y mirando al suelo como si contase las baldosas, casi ni escucha los ruidos de la ciudad.

Se detiene en una esquina y recorre los ángulos edificios hasta el fondo de la calle.

Después de tanto pensar, se sube a cualquier línea , se sienta y se saca la boina negra, sin dejar de ver por la ventana.

El paseo le dio sueño, se le cierran los ojos. Y de golpe ve una hilera de árboles al fondo en medio de todo ese cemento. Camina al fondo del colectivo y toca el timbre.

Llega a un canal en medio de la ciudad y ve como se elevan a su costado unas plantas que le recuerdan a las redes de venas de un ojo irritado por el cansancio.

El restaurant Maxim´s funciona? (piensa en silencio)

Se abstrae a ver los relieves de la pared. (esas mujeres están suspendidas en el aire.)

Se ve que por aquí paso una legión de la pero casta de monstruos  sanguinarios que hicieron  desaparecer personas. Y esto no es un cuento de Verne…

Los chinos son ubicuos.  Piensa mientras come un chao fan algo frío.

Ve curvas las líneas rectas. Está cansado.

Anduvo mucho todo el día, pero le era imposible dimensionar tremenda ciudad. Tenía que observar todo desde otro plano y aprovechando un edificio con el portón abierto, subió a la terraza y con los ojos grandes y sin parpadear miró la gran ciudad y termino una parte del rompecabezas. Luego miró la Luna y dijo para adentro: _ ya estoy más cerca…

— hace 3 meses con 4 notas
#pentax mx  #kodak  #blanco y negro  #iso 400  #analógicas 
Brujería.
Pasajes a Sabbat.

Brujería.

Pasajes a Sabbat.

— hace 4 meses con 1 nota
#Pentax MX 

Siempre Vuelvo II  (anotaciones)

Las casas de adobe inhabitadas, dan esa sensación de que nunca fueron habitadas. Viven solo cuando viven en ellas. Después pareciera que, junto con el revoque también perdieran su esencia, su ánimo. Hasta creo que enflaquecen… 

Alguien, junto (o juntó) a su vida entera y un día tuvo que irse. 

Me resulta imposible no querer imaginar, aunque sea un poco, como fue cuando ese adobe tenía ánimo/a.

La planta de peritas atrás del alambrado, las siestas de verano, nosotros trepando a las ramas. El  jugoso premio.

La flor hedionda y extraña de mi niñez.  Con su cuerpo redondo, amarillo y rojo, y los filamentos tipo tentáculos. 

La capilla que quedo al margen de sus fieles y hasta de su propia religión.

Detrás de la casa de adobe encuentro el pozo de agua. Lleno de oscuridad, tanta que hasta parece que tiño de negro el agua. No puedo ver el fondo.

Si hasta las cañas pierden su color para ponerse gris y quebradizas de secas. Entre caña y caña veo el huerto lleno de verde, lleno de hierva salvaje.

Breve fue el recorrido, pero lleno de símbolos, objetos que me arrancan de mi tiempo y realidad, y ahí llegan auras del pasado. No escucho nada y a la  vez el viento sopla tan fuerte que hace tanto ruido.

Termina el recorrido; nos lo dice la mariposa que también termina el suyo. 

— hace 5 meses con 1 nota
#Pentax MX  #Kodak Gold 200 

Siempre vuelvo.  (anotaciones)

Unos kilómetros antes de llegar al cruce con Belén (catamarca) me encuentro con esta escena que me deja helado. Un escenario digno de un Dani trejo. 

El santuario del Degolladito. Un historia de pueblo, que dice de un peón que cobra su trabajo, y que mientras volvía a caballo a su hogar es asaltado y degollado por los ladrones, que pocos kilometros más adelante mueren de forma brusca en un accidente. 

Empezamos el viaje por la siesta, una siesta inusual para ésta parte del país, sobre todo en verano. Empiezo a ver al costado de la ruta las capillas de los pueblos, lo más evidente por lejos, las casas de adobe se camuflan muy bien en todo ese paisaje árido.

Las taperas, con el tiempo, se convirtieron en una especie de cubo de propaganda política, una especie de virus que afecta a todas éstas. 

Al fondo veo el “Cerro Negro”, nombre que adoptó el pueblo que está al pie.

Se había metido ya el sol. Yo Volvía a mi casa paternal, un día nublado y fresco. No se que será pero me siento bien cuando vuelvo, la mayoría de las veces.

Un clásico de día nublado tiene otro gusto. (Barrio 200 vivendas)

La calle 25 de Mayo de Tinogasta completamente vacía un domingo por la tarde de mucho calor. 

— hace 5 meses con 2 notas
#Pentax MX